¡Adelante los esfuerzos por la paz!
lunes, 27 de agosto de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA EN EL CAUCA
A raíz de un artículo titulado "CÓMO GANAR LA PAZ EN EL CAUCA" que publicó la revista virtual RAZÓN PÚBLICA, la redacción política del periódico El TIEMPO tuvo la gentileza de solicitarme que ampliara mi visión sobre la guerra en ese departamento. Como por razones propias de las limitaciones de espacio en los periódicos impresos y virtuales, algunas de las preguntas y respuestas no fueron publicadas, incluyo aquí los textos completos para quien tenga el interés, el tiempo y la paciencia de darles una mirada.
- ¿Qué
explica el levantamiento indígena en el Cauca?
R: No estoy seguro de que calificar lo que está sucediendo en el
Cauca como un “levantamiento indígena” sea acertado. Es más bien un momento de
“visibilidad nacional” de un proceso de resistencia cultural y territorial que
lleva muchas décadas, en el cual sólo se fija el país cuando la violencia de
distintos lados se toma el protagonismo. Mientras el proceso se adelanta de
manera pacífica, es invisible, lo cual constituye un mensaje muy negativo sobre
la eficacia mediática de la acción no violenta.
- ¿Hay
razones de peso para pensar que los indígenas se han movilizado para
favorecer a las Farc o al narcotráfico, como se ha sugerido por parte de
algunas voces?
R: Definitivamente los indígenas NO SE HAN MOVILIZADO PARA
FAVORECER A LAS FARC O AL NARCONTRÁFICO, sino para exigir que sus territorios
no sigan siendo escenarios de guerra, lo cual los convierte en los más directos
damnificados de la misma. Eso no quiere decir que las FARC, al igual que los
intereses y los actores de la extrema derecha, no intenten infiltrar y
capitalizar a su favor la protesta social legítima. O que, como está pasando
ahora, no intenten utilizar el episodio del sargento que no disparó en Toribío,
para “levantar” a los militares contra el Gobierno de Santos. Eso no sucede
solamente en el Cauca sino en todo el país. No quiere decir que algunos
sectores indígenas no hayan caído en la tentación de la extrema izquierda como
otros han caído en la de la extrema derecha. De allí la importancia de apoyar
el afán del movimiento indígena y de las organizaciones que lo representan y
lideran, en el sentido de que ni sus comunidades ni sus territorios deben
formar parte de la guerra. El artículo 22 de la Constitución dice textualmente
que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Los indígenas
se toman la Constitución más en serio que otros sectores de Colombia y actúan
de conformidad… y por eso los tachan de subversivos y los acusan de violar la
Constitución.
- ¿Por
qué el Estado no puede dejarle la seguridad de la zona a los indígenas,
cuál es el problema con esto?
R: La mera presencia militar en los territorios indígenas no es
garantía de seguridad para las comunidades y eso queda demostrado todos los
días. Hace un año, con el pueblo totalmente militarizado, explotó en Toribío
una “chiva bomba” que destruyó una cantidad de edificaciones y que dejó a
muchas familias sin vivienda y sin trabajo. El enfrentamiento armado entre las
fuerzas del Estado y los grupos por fuera de la ley es diario y la población
civil está atrapada en la mitad. Aquí no se trata de “dejarle la seguridad de
la zona a los indígenas”, sino de reconocer, en primer lugar, que la seguridad
no es un tema solamente de armas, sino una condición integral de la existencia
que incluye, entre otros factores, el respeto a la Constitución, la eficacia de
la gobernabilidad y la identidad con el territorio del cual un grupo humano
forma parte. El Estado nacional y las autoridades indígenas, que de acuerdo con
la Constitución son Estado en las Entidades Territoriales correspondientes,
están en condiciones de concertar cuál es la manera más respetuosa y por ende
más eficaz de “administrar la seguridad” al interior de los territorios
indígenas y en los alrededores de los mismos. La organización indígena no
solamente ha expresado su decisión de expulsar de su territorio a grupos
armados ilegales y a narcotraficantes, sino que muchas veces ha actuado con
eficacia en esa dirección. Lo que pasa es que si no cuentan con el apoyo sino con
la hostilidad del Estado y de la sociedad nacional, esa tarea se vuelve
doblemente difícil.
- ¿Por qué pasa esto en el Cauca y no en otros lugares del
país?
R: Los procesos organizativos de la comunidad nasa del Cauca han
alcanzado unos niveles de madurez que no tienen otras comunidades étnicas del
país. Ojalá existieran procesos organizativos similares en otros lugares de
Colombia, incluso en zonas urbanas. Juanita León, en su libro “No somos machos pero somos muchos”, analiza varios procesos de resistencia civil en Colombia,
entre ellos la tentativa de Antanas Mockus de generar un tejido social
proactivo y eficaz en Bogotá y las razones por lo cual ese propósito no
prosperó. En la mayoría del país, donde no existe una resistencia civil no
violenta, y con capacidad de producir resultados, es indispensable la presencia
de las Fuerzas Militares, de la Policía y de los organismos de seguridad del
Estado haciendo uso del monopolio de la fuerza de manera responsable y
controlada.
- ¿Por
qué el Estado y los indígenas del Cauca no han logrado entenderse en las
últimas décadas?
R: Se han entendido muchas veces, con resultados satisfactorios.
Lo que pasa es que, como sucede con la gestión del riesgo y con el trabajo de
la mamá en la casa, cuando es eficaz y no hay desastres, entonces es invisible.
Solamente se nota cuando falta o fracasa. En el Cauca hay una enorme riqueza de
experiencias en las cuales la acción concertada entre instituciones del Estado
y las organizaciones étnicas, campesinas y comunitarias en general, ha conducido
a resultados muy exitosos. Pero como que ni en el Cauca ni en el país se
aprende de esos éxitos, sino que se actúa en dirección contraria. Las
concepciones del mundo y las lógicas con que actúan los indígenas frente a los
territorios de los cuales forman parte, no suelen coincidir con la manera de
entender el mundo y de actuar las instituciones estatales, el sector privado e
incluso la mayoría de las comunidades urbanas del nivel nacional. Cuando la
lógica “occidental” se trata de imponer a la fuerza en las comunidades
indígenas, necesariamente se producen rupturas. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si a
la ANDI o a la Asociación Bancaria intentaran imponerles a la fuerza, en sus
terrenos empresariales, la lógica de los pueblos indígenas?
- ¿Como
salir de este entuerto?
R: Mediante un diálogo real, honesto y horizontal entre
autoridades nacionales, autoridades regionales y autoridades indígenas
legítimas y representativas, basado en el respeto mutuo, sin imponer y sin
satanizar. Los indígenas deben entender las razones que mueven al Gobierno
nacional, pero este debe entender que lo que pasa en el Cauca no es un
“levantamiento” puntual sino un proceso de resistencia de lleva más de cinco
siglos en el que lo que está en juego es nada menos que la posibilidad de unas
comunidades étnicas de seguir existiendo. En las últimas tres décadas la
estrategia de ese proceso ha sido la resistencia civil mediante la acción no
violenta. El Estado nacional debe propiciar todas las condiciones necesarias
para demostrar que la acción sin violencia es eficaz. Evitar que los conflictos
con la población civil lleguen a extremos en los cuales la violencia se
vuelve inevitable.
Recordemos por último las palabras de Borges: “El diálogo tiene
que ser una investigación y poco importa que la verdad salga de boca de uno o
de boca de otro. Yo he tratado de pensar, al conversar, que es indiferente que
yo tenga razón o que tenga razón usted; lo importante es llegar a una
conclusión, y de qué lado de la mesa llega eso, o de qué boca, o de qué rostro,
o desde qué nombre, es lo de menos.”
EL TEXTO EN EL TIEMPO
De Alonso Sánchez Baute en El Heraldo
"Proyecto NASA: la construcción del Plan de Vida de un pueblo que sueña" - Libro completo en pdf
De Alonso Sánchez Baute en El Heraldo
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miércoles, 11 de julio de 2012
RESISTENCIA CIVIL Y GUARDIA INDÍGENA
El siguiente es un capítulo del libro "El Proyecto Nasa: La construcción del plan de vida de un pueblo que sueña" que escribí por invitación y con el apoyo del PNUD Colombia en 2005. En este momento, cuando la guerra en el Cauca y la posición de las comunidades indígenas atrapadas en medio de la misma, ocupan los titulares de todos los medios de comunicación nacionales y de muchos internacionales, me parece importante que se conozca en qué consiste la llamada "guardia indígena" y qué función cumple en el marco del PLAN DE VIDA de las comunidades NASA del departamento del Cauca, una región que lleva muchas décadas afectado por distintas expresiones de la violencia y de la guerra.
LA RESISTENCIA CIVIL
El proceso que nos ocupa es clara expresión y
resultado de la resistencia que las comunidades indígenas del Cauca han venido
ejerciendo desde la llegada de los conquistadores europeos en el siglo XVI, y
que por lo menos desde comienzos del siglo XVIII (y con algunas pocas
excepciones) ha adquirido el carácter de resistencia civil, esto es, en
palabras que ya citamos de Ezequiel Vitonás, “la lucha, pero no por la
vía de las armas sino por la vía de la gente”.
Esperanza Hernández identifica los siguientes
elementos como característicos de la resistencia civil:
- Es el producto de un proceso organizativo y un ejercicio de planeación, y no es una expresión espontánea y de corta duración.
- Es una acción colectiva y no es una opción individual.
- Es una respuesta a diversas violencias, como la estructural y la directa en su modalidad política, y no es sólo una respuesta a la violencia del conflicto armado.
- Es una acción colectiva que encuentra su origen en la base social y no es una iniciativa de gobiernos locales, regionales o nacionales, o de actores armados.
- Es una respuesta no violenta, aunque no necesariamente pacifista, y no es una acción colectiva que admita el recurso de la violencia.
- Es el uso de la no colaboración frente a todos los actores que generan la modalidad de violencia y no es la no colaboración sólo frente a uno a unos de los actores violentos.
Además, agrega Hernández, debe soportarse en un elemento de fuerza moral
que la legitime.[1]
Estos elementos posiblemente contribuyan a entender, al menos en parte,
por qué, por ejemplo, a pesar de la seriedad y de la bondad de las intenciones,
los esfuerzos realizados por Antanas Mockus, para generar procesos de
resistencia civil para frenar a los actores armados, no lograron generar las
dinámicas que en otros escenarios de Colombia sí han alcanzado otros sectores
sociales. En su excelente libro “No somos machos, pero somos muchos”[2],
la periodista Juanita León recoge tanto esta tentativa de Mockus, como cuatro
episodios en los cuales sendas comunidades rurales del Cauca (Caldono, Bolívar,
Jambaló y Puracé) resolvieron enfrentarse “por la vía de la gente”, a ataques
armados de las FARC. Las reflexiones de Hernández y las de León nos ayudan a comprender
también qué se necesita para que unas acciones heroicas de unos pocos actores
sociales, no se agoten en la acción misma, sino que logren generar procesos de
transformación en el largo plazo, que comprometan a sectores más amplios de la
sociedad.
Estas reflexiones resultan pertinentes, pues la eficacia de los
enfrentamientos de las comunidades desarmadas, contra actores violentos de
distinta procedencia, no pueden entenderse por fuera de los procesos que, en un
momento determinado, permiten la movilización organizada y conciente –y además
“exitosa”- de esas mismas comunidades.
LA GUARDIA INDÍGENA
La guardia indígena, que constituye
quizás la expresión más visible de la resistencia civil de las comunidades del
norte del Cauca, es más que un grupo de 300 o más personas, hombres y mujeres
sin armas, de todas las edades, dispuestas a arriesgar la vida para impedir un
ataque o para liberar a unos secuestrados. Es uno de los logros de esa
“telaraña” en la cual se entrelazan los distintos factores de los cuales
depende la sostenibilidad de un proceso o de una comunidad. Y uno de los
resultados del proceso cuyos antecedentes intentamos resumir en la primera
parte de este Cuaderno.
La guardia indígena es una de las estrategias del plan de emergencia adoptado por las comunidades indígenas del norte
del Cauca para protegerse de los efectos directos e indirectos del conflicto
armado, o de lo que esas comunidades llaman “el desorden público”.
Las otras dos estrategias que, conjuntamente con la guardia indígena conforman
una sola unidad, son las asambleas
permanentes (que se concretan en espacios de reunión dentro del territorio
indígena, previamente definidos y adecuados, en donde se congrega la comunidad
cuando existen en otras partes del territorio combates o amenazas que atenten
contra su seguridad y en donde permanecen hasta que cesen esas amenazas) y el
acompañamiento o las veedurías
internacionales, a través de las cuales se obtiene el compromiso de
distintos actores internacionales con la defensa de los derechos de las
comunidades indígenas.
Otro concepto importante de este proceso, es la autonomía de las comunidades. Autonomía que ya explicamos antes
como una de las características de las partes que conforman el todo en un
sistema complejo, y que en este caso se refiere específicamente a la autonomía
frente a los actores armados, incluyendo a las fuerzas del Estado. Autonomía
que es, expresamente, diferente de
neutralidad.
Uno de los problemas más notorios es el problema del narcotráfico,
también los actores armados de izquierda y de derecha. Todo eso se debe tener
en cuenta y no permitir que la gente nuestra se vaya a inclinar al lado
izquierdo o al lado derecho, sino más bien estar firmes únicamente con la
autoridad del Cabildo, que es la única que nos ha dado la mano. Y en cualquier
situación que se nos presenta no buscar la izquierda ni la derecha, sino entre
nosotros mismos defendernos.[3]
De
alguna manera, los actores del conflicto armado colombiano pretenden coptar a
las comunidades indígenas como lo hicieron en las guerras civiles del siglo XIX
y durante “La Violencia” de los años 50:
La situación es difícil: estamos entre la espada y la pared, en una
guerra que no es nuestra, una guerra que no hemos propiciado como pueblos
indígenas, que la ha propiciado otro tipo de gente.
Nos están inclinando a tomar partido, a coger para un lado y para otro.
La posición nuestra es no inclinarnos para ningún lado, porque tenemos la
propuesta de los pueblos indígenas que es una propuesta de paz alrededor de un
plan de vida y de unas banderas de lucha.
Esas banderas de lucha se centran a nivel departamental en tres cosas:
unidad, tierra e identidad cultural. Lo otro es el respeto al espacio
territorial, el derecho y respeto a la vida. Algunos creen que somos neutrales, pero no lo somos, porque tenemos
nuestra posición. Por eso ven al pueblo indígena como los malos del paseo,
como la piedra en el zapato.
La situación está bastante agudizada y mucha gente no tiene clara esa
situación. Estarán pensando irse para un lado, otros para el otro. Les pido a
los que han entendido este proceso, aclarar mucho cuál es nuestra bandera de
lucha, de posición, y explicárselo a los jóvenes; porque si no, estamos
condenados a desaparecer lentamente.[4] (Oscar Cuchillo, en Cátedra Nasa-Unesco)
Por su parte Arquimedes Vitonás lo analiza así:
Además de reconocer identidad cultural, la Constitución del 91 nos da
también autonomía. Nos legitima nuestros territorios haciéndolos inalienables,
inembargables, imprescriptibles; o sea que legitima lo que nosotros hemos
hecho.[5]
La
autonomía, repetimos, no quiere decir individualismo ni aislamiento por parte
de las personas, ni de las comunidades ni de los resguardos. Podemos afirmar
que el proceso se caracteriza por una autonomía con coordinación, pero además
por una autonomía con cooperación.
En las Juntas Directivas, en la Asociación de Cabildos, cuando nos
reunimos, miramos con preocupación que algunos resguardos han salido adelante y
algunos resguardos están quedaditos. Y creo que hay un plan trazado en el cual
se dice que los resguardos que ya tienen más o menos capacidad política, capacidad
organizativa, de pronto capacidad económica, tenemos que darles la mano a los
resguardos que están bastante quedados. Es una tarea que tenemos trazada y poco
a poco entramos a capacitar a un grupo de personas en cada uno de los
resguardos, para que no se nos queden atrás en la parte organizativa.[6]
[1] Hernández Delgado, Esperanza, en
“Resistencia Civil – Artesana de Paz”. Pontificia Universidad Javeriana –
Colección Biblioteca del Profesional (Bogotá, 2004). Páginas 32 y 33.
[2] Editorial NORMA, 2004.
[3] Tenorio, Guillermo, entrevistado en “Los líderes
cuentan sobre el proceso organizativo del resguardo de Toribio, Tacueyó, San
Francisco y del Proyecto NASA”. Publicación de la Cátedra NASA - UNESCO
(Primera edición, Diciembre 2002). Página 36.
[4] Cuchillo,
Oscar, entrevistado en “Los líderes cuentan sobre el proceso organizativo del
resguardo de Toribio, Tacueyó, San Francisco y del Proyecto NASA”. Publicación
de la Cátedra NASA - UNESCO (Primera edición, Diciembre 2002). Página 140. (El
subrayado es nuestro.)
¡GRITAR QUE NO!
¡GRITAR
QUE NO!
Gustavo Wilches - Chaux
Popayán, Septiembre 11 de 1987
Un
minuto
de silencio
para
que podamos oler
el
sabor ocre
de la guerra
¡Mejor no!
¡Mejor no más
minutos
de
silencio
por los muertos!
No más horas de
silencio
No más meses de
silencio:
De ahora en adelante
por cada muerto
un grito
que le
desgarre los oídos
a la muerte.
Mucho más acá
de donde alcanza
-
sin empinarse -
la mirada
está la guerra.
La podemos tocar
con las yemas
heridas
de los dedos.
La podemos asir
con la visión
de un pájaro
que lucha
contra su propio reflejo
en la ventana.
Esos hombres
de verde
Esos hombres vestidos
de ramas
y hojas secas
Esos hombres
que se cuelgan del pecho
de un fusil
o de una metralleta
Esos hombres que
viajan
en un camión
sin conversar
de pie
o sentados
Con
las piernas
Colgando
y
la mirada ausente
ausente y larga
Esos hombres
van para la guerra
o vienen de la
guerra
y miran así porque
han visto
la guerra
(y una casa los espera)
El sudor frío
ha derretido
la forma curva
de mis dedos
en el duro metal
que día a día
ha ido perdiendo el color
negro
Aguanto la respiración
y oigo crepitar
la luz de
las estrellas
al chocar contra las hojas
de los árboles
Aguanto
el pensamiento
y siento correr
mi sangre
por el riachuelo
al fondo
de la loma
Un viento súbito
sacude la rama
en donde velo:
acerco el índice
al gatillo
de la ametralladora
pero el viento da media
vuelta
y se pierde
en la maleza
Miro hacia arriba:
por entre los huecos
del
techo
de la selva
veo fosforecer
la Vía Láctea
Miro hacia abajo:
(Me aferro a la rama
con las
piernas
y al arma negra
con el alma)
A 30
a 40 metros
puntos incandescentes
repiten
en un rojo sordo
sobre el círculo de un metro
de una hoguera
apagada
el pedazo
de Vía Láctea
Adivino
unos cuerpos
de hombre y de mujer
que sueñan
sobre el suelo
mojado
o en sacos de dormir
o sobre ruanas
desplegadas
Adivino la pareja
que ha hecho
el amor
separados del grupo
por la negrura
de la noche oscura
Se habrán besado
en silencio
se habrán acariciado
lenta,
sigilosamente,
sin quitarse la ropa
sin moverse
sin descuidar
un solo instante
las armas
que a su
lado
esperan...
Miro hacia atrás:
en otro árbol
a la altura de mi rama
un punto rojo
inmóvil
que respira:
un cigarrillo
un centinela...
Las lechuzas
las ranas
y los grillos
son las formas
sonoras
del silencio.
En un par de horas
antes de que el sol despierte
debemos atravesar
esa cañada
con quince hombres
dos suboficiales
El comandante nos ordenará
disparar
desde estas ramas
en donde estamos emboscados
Y antes de que alcancemos
a saber
desde dónde
nos llueven
esas ráfagas
y antes de que alcancemos
a saber
cuántos compañeros
han caído
y antes de que alcancemos
a
ponernos a cubierto
a contestar el fuego
Yo
desde estas ramas
en las que he pasado dos noches
sin
moverme
Desde estas ramas
que me dejan descubierta
la Vía Láctea
Desde estas ramas
donde espero
habré disparado
veinte ráfagas
y con la primera
habré caído Yo
Yo
que caminaba cincuenta
pasos adelante
desmontando la
trocha
Y no habré alcanzado a cubrirme
a devolver el fuego...
Y el suboficial que quedó
vivo
va a dar orden de que saquen mi cadáver
para enterrarlo con honores militares
envuelto
en la bandera
Y el comandante
va a dar orden
de que saquen mi cadáver
para enterrarlo
con honores guerrilleros
envuelto
en la montaña.
La guerra se nos entra
por las mañanas
muy de mañana
por el radio:
Muertos en Afganistán
Muertos en el Líbano
Muertos en El Salvador
Muertos en Antioquia
Muertos en el Meta
Muertos en el Caquetá
Muertos en el Valle
Muertos en el Cauca
Muertos asesinados
en todos los rincones de Colombia
en todos los rincones de Colombia
Muertos
Muertos
Muertos:
soldados
muertos
guerrilleros
muertos
liberales
muertos
conservadores
muertos
comunistas
muertos
socialistas
muertos
médicos
muertos
profesores
muertos
estudiantes
muertos
campesinos
muertos
jueces
muertos
indios
muertos
policías
muertos
transeúntes
muertos
celadores
muertos
curas
muertos
niños
muertos
alcaldes
muertos
funcionarios
muertos
empresarios
muertos
periodistas
muertos
bosques
muertos
ríos
muertos
suelos
muertos
cielos
muertos
Muertos
hasta los mismos muertos.
Muertos con rostro
Muertos con nombre
Muertos con familia
Muertos con historia
Muertos con futuro muerto
Muertos mal contados
en el monte
Muertos urbanos
cubiertos con sábanas
de sangre
sobre el asfalto
mojado
Muertos que siguen
viviendo
y muertos que se quedan
para siempre
muertos.
El interior del cañón
es estriado
y brillante
El lugar es estrecho
peligrosamente estrecho
(un revólver habitable)
pero a su manera
cómodo,
herméticamente cómodo,
peligrosamente cómodo,
como la matriz
de una gran madre
metálica y pesada
El visor de la mira es
nítido
y preciso:
el enemigo
se ve mucho mejor
por el visor
como la
realidad
se ve
mucho mejor
por los
espejos
Por el visor de la mira
en el centro de una cruz
(un blanco)
y por el periscopio
veo tabletear
una ametralladora
pesada
desde una casa
en un claro
de la loma
Hundo el pedal:
el proyectil avanza
m u y
d e s p a c i o
mientras
la recámara
del cañón
r e t r o c e d e
l - e - n - t - a - m - e - n - t - e
El sonido del
disparo
camina
d e s p a c i t o
va
saltando
titubeando
de
molécula en molécula
del
aire
como quien
atraviesa
un
río
caudaloso
saltando entre las
piedras
Las balas de la ametralladora
siguen saliendo
una por una
(pasitico)
de la casa
Se
cruzan con el proyectil
por
el camino
y se saludan
El
proyectil
llega
a la casa
toca su
punta
la
cáscara de adobe
y se
hunde
con cuidado
entre la tapia
formando un corona de repello
¡Con
cuidado!
¡Nos dieron!
¡Mi teniente
- grita el Cabo-
les dimos en la
jeta!
Pero yo no le oigo
Cabo
Yo no le oigo
porque el ruido
del disparo
que venía despacitico
y el ruido de la
ametralladora
y el ruido de la
casa
saltando
por el aire
y el ruido
de las astillas y
las cañas
y las esquirlas
que se me clavan
en el cuerpo
y el ruido del
ventilador
sacando el humo
de las tripas
del tanque
y el ruido del
corazón
pateándome las sienes
y el ruido de mi
mano
metiendo el proyectil
en la recámara
y el ruido
de la sangre
brotándome a
borbotones
de la cara
y el ruido del
percutor
golpeando
el fulminante
y el ruido del
proyectil
recorriendo el
cañón
como
un expreso
y el ruido del
proyectil
cortando el viento
y el ruido de los
hombres
destrozados
y el ruido de mis
hijos
jugando en el recreo
y el ruido
de las cornetas
y las marchas
el día del juramento
de bandera
y el ruido del
viento
sacudiendo la
bandera
Cabo
y el ruido de las
mujeres
envolviendo mi
ataúd
en la
bandera
y
el ruido
del primer átomo
pariendo
el Universo
Todos esos ruidos
me llegan al tiempo
a los oídos
Cabo
y no me dejan oírle
su madrazo
Cabo
¿A vos?
¿ Por qué a vos?
Por qué a vos
ese papel
con letras recortadas
y pegadas
armando una amenaza
(que vos sos el próximo)
Por qué a vos
esa voz
en el teléfono
esa voz
que te llama
y que te cuelga
Por qué a vos
que sólo atinás a
decir
“¿Si me van a colgar
por qué me cuelgan...?”
Por qué a vos
que simplemente querés estar vivo
sin dártelas de
vivo
que no querés esta
guerra
ni ninguna guerra
a excepción
de nuestra guerra
contra toda guerra
Obviamente
el primer muerto
es más difícil
pero uno se acostumbra
como a todo...
Lo peor de este
negocio
es la espera
la inacción
y - pese a todo -
lo mal pago
Hasta que llega:
ese es
el de la sudadera
el de la chompa blanca
el del sombrero
el del bluyín
el del Mercedes
el de cualquier atuendo
el de la foto que nos dieron
en el sitio que dijeron
Prenda la moto
compa
acérquese despacio
que no surjan sospechas
que cuando se dé cuenta
ya esté muerto
Y acelere
que esta noche
por el radio
vamos a saber a
quién matamos.
Yo recorro cada
poro
de
tu cuerpo
con mis poros
con
las yemas heridas
de mis dedos
Me desnudo de piel
Me desnudo de
músculos
de vísceras
de huesos
Me desnudo
de sangre
y de cerebro
Me disuelvo
en mi sudor
salobre
Me disuelvo
en la esperma
en donde laten
mil hijos
potenciales
Me impregno
en tu piel
hecha de noches
Y desde tí me asomo
a desafiar
la
muerte
Desde ese caldo primigenio
en que nació la Vida
caldo de semen de Dios
y de sudor de estrellas
Desde el océano primordial
donde surgió la primera molécula
de Vida
y que hoy navego
en
tu cuerpo
a la deriva
Desde
nuestro lecho
Desde
nuestros cuerpos
Desde
donde seamos visceralmente conscientes de
estar vivos
(y estemos dispuestos a asumir el
precio)
Desde
donde
podamos hacerle el amor
al Amor
a la Verdad
a la Luz
a la Existencia
(Y aunque
la guerra
se nos entre
por las llagas
abiertas)
Desde allí le podemos
le debemos
le queremos
Gritar que NO
que YA NO MAS
que definitivamente
¡NO A LA MUERTE!
¡NO A LA GUERRA!
Popayán, Septiembre 11 de 1987
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